72 HORAS DE AYUNO

Una Experiencia Transformadora

Víctor Arroyo

2/16/20263 min leer

Acabo de completar 72 horas de ayuno, solo agua. Tres días y tres noches sin comer. Antes de entrar en detalles, quiero dejar claro que no recomiendo esto a todos, simplemente me propuse experimentar con algo que siempre había querido hacer, eliminar una de las cosas más básicas de mi rutina diaria, comer.

Reflexiones Clave

  1. Desinflamación y Pérdida de Peso
    La primera gran sorpresa fue la desinflamación. Sí, efectivamente, perdí peso, pero más que eso, sentí que mi cuerpo se liberaba de la hinchazón y la pesadez que a veces acompaña nuestras comidas diarias.

  2. La Ausencia de Hambre
    A pesar de lo que se pueda pensar, no pasé hambre. De hecho, pude llevar una vida normal. Claro, esto puede variar de persona a persona, pero en mi caso, la sensación de debilidad extrema no apareció. Lo que sí enfrenté fueron las tentaciones mentales de los horarios de comida.

  3. Momento de Duda y Autofagia
    Como en un triatlón de larga distancia, hay momentos de duda. Esa voz interna que te pregunta: “¿Por qué haces esto?” en los momentos críticos. Para mí, el propósito fue claro, buscar la autofagia. No entraré en detalles médicos, pero es un proceso fascinante que vale la pena investigar.

El Contexto del Ayuno

Mi ayuno coincidió con un momento complicado, una rotura de fibras en el bíceps femoral derecho me obligó a reducir drásticamente mi entrenamiento. Al perderme la primera competición del año, el Campeonato de España de Duatlón en Huesca, decidí que era el momento perfecto para embarcarme en esta experiencia.

Un Desafío Adicional: La Vida Cotidiana

Lo más interesante de este ayuno fue que lo realicé en medio de mi vida normal, con dos niños pequeños a mi alrededor. Imagina tener las tentaciones al alcance de la mano, mientras preparo comidas y doy de comer a mis hijos. Sin duda, esto hizo que la experiencia fuera aún más desafiante, pero también más gratificante. La lucha contra la tentación y la rutina se convirtió en una prueba de mi autocontrol.

Las Primeras 24 Horas: La Prueba de Fuego

Las primeras 24 horas fueron las más críticas. La costumbre a los horarios de comidas se sentía como un muro que debía flanquear con fuerza de voluntad. Estos momentos son psicológicamente intensos, y es aquí donde más se prueba tu determinación.

Hacia el Segundo Día

Una vez pasadas las 24 horas, la sensación de hambre comenzó a desvanecerse. Sin embargo, la lucha contra los horarios seguía presente, aunque su intensidad disminuyó. Al llegar a las 36 horas, noté una clara desinflamación. Me atreví a hacer algo de ejercicio cardiovascular y, sorprendentemente, mi pulso se disparó. Lo que solía ser un entrenamiento suave se convirtió en una experiencia moderadamente intensa.

Las 48 Horas: La Lucha Interna

A las 48 horas, las dudas regresaron. ¿Ya está bien con 48 horas? Pero decidí seguir adelante, convencido de que podía completar el desafío. Cuando alcancé las 60 horas, me di cuenta de que estaba a solo 12 horas de terminar. En medio de un cumpleaños de una amiguita de mi hijo, donde había muchas tentaciones dulces, descubrí que, a pesar de todo, no sentía la necesidad de ceder.

El Final del Ayuno

Con solo seis horas restantes, me pareció un chiste. Finalmente, salí del ayuno con un caldito de pollo, carne roja y algo de verduras. Esta experiencia no solo fue un “reset” físico, sino también un gran ejercicio psicológico para controlar impulsos.

Reflexiones Finales

En resumen, el ayuno de tres días ha sido una experiencia enriquecedora y desafiante. Realizarlo en medio de mi vida cotidiana, con dos niños pequeños y las tentaciones al alcance, hizo que el proceso fuera aún más significativo. No solo logré un “reset” físico, sino que también fortalecí mi autocontrol y determinación.

Este viaje me ha permitido explorar los límites de mi cuerpo y mente, y aunque no es algo que recomendaría a todos, definitivamente ha valido la pena. La autofagia y la desinflamación son conceptos fascinantes que me acompañarán en mi camino hacia un estilo de vida más saludable.

Al final, el ayuno fue más que una simple privación, fue una lección sobre la resiliencia y la conexión con mi propio cuerpo.